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2008-12-15
Lacalle Pou en Tiempos del Sur
ASIGNATURA PENDIENTE


Desde que ingresé  a la Cámara de Diputados en el año 2000, he intentado a través de proyectos de ley, media hora previa, exposiciones escritas, pedidos de informes e intervenciones en sala, representar a la ciudadanía y hacerme eco de sus necesidades.
Es así que problemas de índole social de un barrio, un pueblo, una ciudad, un departamento o de la comunidad toda han sido traídos al Poder Legislativo, a modo de protesta, crítica y con la solución que creemos adecuada para cada caso.
La producción, la educación, el medioambiente, el suministro de agua potable, el deporte, la juventud entre otros temas han estado presente en nuestra agenda.
Este segundo periodo he pasado mucho tiempo ocupándome del tema relativo  a la inseguridad pública. Lamentablemente ha estado en el tapete y en cada rincón del país la falta de seguridad física y la de los bienes de nuestros compatriotas. Los delitos se han incrementado y lo mas grave es el aumento de los ilícitos violentos, en otra época dignos de películas de ciencia ficción.
Desde los primeros meses del año 2005, en que el gobierno hizo los primeros amagues con la Ley que liberó mas de 700 reclusos, cité al entonces ministro del Interior José Díaz para hacerle saber nuestra oposición al proyecto, la inconveniencia de la medida anunciada y como si fuera poco, su ineficacia.
Tan es así que luego de la liberación de los reclusos (dicho sea de paso de forma injusta, sin evaluar su conducta en  el centro de reclusión), las cárceles  están igual o mas atiborradas de presos que sufren de agudo hacinamiento.
Esta Ley de resultado muy negativo, incluye normas relativas a la rehabilitación, a la redención de la pena  y al fortalecimiento del patronato de victimas y encarcelados.
Esta Ley generó efectos jurídicos una vez promulgada pero también generó una fuerte ilusión en los reclusos apenas el proyecto tomó estado público.
Han pasado ya tres años desde que entró en vigencia dicha Ley.
El 14 de noviembre, hace pocos días, a raíz de una invitación de Graciela Rompani que constantemente pelea por distintas causas sociales, concurrí al COMCAR. Junto a Graciela, el Manzana y Tabaré Martínez  nos entrevistamos en primera instancia  con autoridades policiales a cargo del Centro de reclusión.
Como se podrán imaginar, no es fácil ser guardia penitenciario. Alcanzan unos ejemplos para tomar real conciencia: en un modulo del COMCAR se alojan (se hacinan)  500 reclusos que tan solo son custodiados por 5 policías.  Teniendo en cuenta que seguramente algunos de estos policías tenga que realizar un servicio 222 cuando no se encuentra en funciones.
Al policía del COMCAR se le entrega  un mameluco y un par de botas al año, es fácil deducir las condiciones en que se encontrará dicho uniforme al cabo de unos meses.
Se nos planteó también que los días trabajados en el penal computarán doble para su retiro, sin perjuicio de poder tomarse como trabajo insalubre.
 Después de terminar esta instructiva charla cargada de reclamos a tener en cuenta debido a su justicia, nos fuimos a reunir con la Comisión de reclusos que según nos contaron fueron electos por todos los presos del penal.
Llegamos a un patio donde se habían acomodado unas sillas y una mesita y después de un sobrio recibimiento un preso leyó una proclama.
Se las hago corta, Graciela, el Manzana  y Tabaré fueron a recorrer otras instalaciones y yo me quedé reunido mas de un par de horas escuchando criticas, reclamos y alguna propuesta.
Todos los ahí presentes conocían nuestra posición con respecto a la liberación de presos dispuesta por Ley. Les afirmamos también que los instrumentos previstos para redimir la pena y para lograr la rehabilitación nos parecen idóneos. Sobre este ultimo punto se desarrolló gran parte de nuestra extensa reunión.
El COMCAR tiene hoy  mas de 2.700 reclusos, la cantidad ideal no supera los 1600.
Es altamente improbable que aquellos reclusos con real intención de trabajar, estudiar, rehabilitarse y salir adelante, lo puedan hacer en esas condiciones.
No es un capricho cuando decimos que la primera medida a tomar es la construcción de más lugares de reclusión.
En segundo termino detectar y separar a aquellos con vocación de mejorar de situación.
La rehabilitación como tal es un tema humanitario y al mismo tiempo de interés  para la comunidad que a la larga contará con un ex recluso en su vida diaria.
Cuando salí del COMCAR  varios sentimientos se mezclaban en mi interior, hasta el día de hoy rondan por ahí.
 El 21 de noviembre, en una recorrida por la ciudad de Minas, fui a visitar la cárcel. La misma se ubica detrás de la Jefatura, en el mismo edificio.
La cárcel es chica y su estado es bastante malo, aunque me sorprendió  gratamente el trato entre los reclusos y las autoridades policiales.
El Jefe de Policía  nos llevó a la cárcel del CAMPANERO. Allí 22 reclusos de poco riesgo, conviven sin rejas, sin cercos, en un establecimiento donde se plantan verduras, se crían  chanchos, se hacen bloques y se producen postes y piques.
 Naturalmente se respira un clima realmente distinto donde la posibilidad de rehabilitación esta presente.
Desde los rincones mas inhóspitos del COMCAR hasta la paz y el trabajo sano en la chacra del Campanero, ahí esta nuestro sistema penitenciario. Son todos reclusos son delitos similares, con las mismas condenas, con distintas posibilidades.
Ya lo dijo Aristóteles: Justicia es tratar desigual a los desiguales. Esta máxima aristotélica se aplica o se debe aplicar aún dentro de los Centros de reclusión.
Yo había escuchado hablar, no conocía, intuía. Hoy conozco, vi, sentí, hoy tengo el deber de comprometerme en solucionar esta, nuestra Asignatura Pendiente.

Luis Lacalle Pou
Representante Nacional

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