Versiones periodisticas indican que el gobierno optaria por un Plan de Dignidad, lo mismo que meses atrás sugiriò el Diputado Lacalle Pou. Por creerlo de utilidad se reproduce hoy aqui:
Hace pocos días volví de un viaje al exterior desesperado por comer un buen asado de tira uruguayo. Me fui a una parrillada en el Mercado con Julito y como siempre nos sentamos en la barra cerca del fuego. Hicimos el pedido y empezamos a conversar.
El parrillero nos relojeó un par de veces y a la tercera se despachó: “Botija” me dijo, “Hoy salí de casa temprano, a las 5:00 de la mañana con el bolsito para el laburo y en la casa del vecino estaban de fiesta con la música a todo lo que da. No se si estaban terminando o empezando. Pensar que yo le estoy pagando a los del Plan este del Gobierno para que no hagan nada y mientras tanto me deslomo por unos pocos pesos. ¿Que van a hacer con eso?”.
Planteo justo y frontal si lo hay el de este compatriota
Este tipo de afirmación y similares me la han hecho decenas de veces.
Repasemos un poco la historia de este tan mentado “Plan de Emergencia”
Cuando asumió el nuevo Gobierno, se decidió a apoyar a una cantidad de familias uruguayas que debido a la crisis del 2002 y a otros sucesos anteriores, estaban inmersos en la indigencia. Actitud que todo el espectro político aceptó y acompañó en el Parlamento con su voto.
Esta buena y sensible intención luego fue llevada a cabo por un Ministerio hecho a medida de la Sra. Marina Arismendi y su gente, el MIDES.
La implementación de este programa, de corte netamente asistencialista y muchas veces injustamente otorgado y otras tantas injustamente negado (sobran ejemplos) termina siendo un gasto social mas que una inversión social.
La diferencia entre gasto e inversión social no es menor debido a consecuencias a corto, mediano y largo plazo.
Veamos, el pueblo uruguayo mediante el pago de impuestos va a destinar aproximadamente medio billón de dólares americanos en este proceso asistencial. Estos impuestos, hoy en día aumentados por el reciente “fiscalazo” disminuyen la capacidad adquisitiva del individuo.
Este dinero obtenido gracias al bolsillo popular es repartido entre uruguayos necesitados para satisfacer necesidades básicas hasta ese momento no alcanzadas. ¿Como? Otorgándole un “jornal solidario”, adjudicándole una tarjeta para comprar bienes y en algunos casos mediante la exoneración en las facturas de algunos servicios públicos. No escapará al lector que todo esto sumado llega a una cifra no menor a los cinco mil pesos. Suma que no tienen algunos trabajadores en nuestro país en su bolsillo como salario después de deslomarse todo el mes.
Este paquete asistencial no genera contraprestación obligatoria alguna para quienes lo reciben. Es así que no llega al 10% de los beneficiarios del mismo que se anota para cumplir tareas comunitarias.
¿Por qué decimos gasto y no inversión social?
Porque el efecto de este paquete se termina el día que se gastó el dinero por parte del que lo recibe. Porque no se tiene noción del destino final del capital otorgado (alcanza con ir a cualquier pueblo de Canelones y constatar los días de mayor venta de celulares, cigarrillos y ainda mais). Porque la falta de contraprestación obligatoria (en aquellos en condiciones de hacerlo) genera la mutación en el habito de trabajo. ¿Que pasará el día que se terminen esos planes? ¿Que ejemplo tendrán los hijos de estos compatriotas por parte de los padres?
¿Qué le queda a la comunidad después del sacrificio económico realizado para solventar este plan?
Después de la crisis del ’29 en los Estados Unidos de América, se aplicó una teoría enunciada por Keynes donde el Estado, único agente con capacidad económica en ese momento, fue el creador de empleo a través de una masiva inversión en obra pública. Luego de restablecido el orden económico, no se volvió aplicar a Keynes.
El Gobierno del Frente Amplio aplicó solo una parte de la teoría del personaje mencionado: el dar el dinero a determinadas personas. Le faltó la obra pública y el efectivo trabajo por parte de los beneficiarios.
¿Que hacer ante esta realidad? No mas plan de emergencia, no mas plan de equidad. Buscar una alternativa donde el Estado vuelque estos recursos para fomentar el empleo, para que el privado se vea seducido a contratar más personal. Así reduciríamos el inmenso número de gente asistida, devolviéndoles el hábito de trabajo y la posibilidad de obtener un empleo genuino.
Por supuesto que esto debe ser un proceso acotado en el tiempo, hasta volver al pleno empleo, que por supuesto dependerá de otras variables como disminuir la carga impositiva, reducir el peso del Estado, fomentar la inversión, dar certeza jurídica a los inversores nacionales y extranjeros, etc. etc.
Mientras tanto y solo mientras tanto, que el parrillero del Mercado, con el esfuerzo de su trabajo, mediante el pago de sus obligaciones tributarias, aporte para un plan que al beneficiario, lo saque del mal momento y le devuelva la posibilidad de sentirse útil.
Mientras tanto entonces el Plan de Dignidad. |
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