Luis Lacalle Pou
Partido Nacional


Manuel Oribe

Manuel Oribe nació en Montevideo el 26 de agosto de 1792 y murió el 12 de noviembre de 1857.

Al escribir sobre esta figura, que sin lugar a dudas trasciende el ámbito partidista, debo confesar que siento un sano orgullo.

Más allá de haber sido uno de los titanes de nuestra independencia, haber fundado el Partido Nacional, y haber sido Presidente de la República, creo que lo más notable de su vida fue la forma en que defendió ciertos valores que motivaron cada una de sus acciones.

Al nombrarse a Manuel Oribe deben venirnos a la imaginación al menos tres principios fundamentales que son: defensa de la soberanía nacional, el respeto a la ley y la honestidad y profesionalidad en el manejo de los fondos públicos . Tres principios que hoy deben estar muy presentes y que desgraciadamente muchas veces son hipotecados por el bajísimo precio de la conveniencia personal, o algo similar.

Ingresando a lo que fue la fructífera vida de Oribe, podemos comenzar diciendo que al iniciarse los movimientos independentistas de 1811, la familia Oribe no dudó en manifestarse públicamente a favor del ejército rebelde, lo que les costó ser expulsados de Montevideo por los españoles.

Al volver, Manuel y su hermano Ignacio, se unieron al ejército artiguista que, por aquel entonces, estaba sitiando la ciudad de Montevideo. Acompañaron al ejército revolucionario, y pronto Manuel fue conocido por sus naturales condiciones de caudillo. Tan es así, que fue nombrado como segundo Jefe de la Cruzada Libertadora (1825) encabezada por Juan Antonio Lavalleja. Por eso, no podemos hablar del Uruguay independiente sin marcar la vital trayectoria de Oribe.

No hay que ser tan ingenuos y pensar que este principio de la soberanía nacional fue una victoria conseguida de una vez para siempre. A nosotros nos corresponde seguir custodiando nuestra soberanía que solapadamente sigue siendo amenazada. Y si no, pensemos por ejemplo, en lo que supone la creación de un parlamento del MERCOSUR que nos imponga normas obligatorias.

El 1° de marzo de 1835 Manuel Ceferino Oribe Viana fue electo Presidente de la República por el voto unánime de los integrantes de la Asamblea General. Fue el segundo uruguayo en lucir la banda presidencia, el primero había sido Fructuoso Rivera (1830- 1834).

Si bien desde hacía tiempo ya se distinguía la rivalidad personal e ideológica entre Oribe y Rivera, en 1835 y 1836 se dieron los hechos detonantes que trajeron como resultado la fundación de los dos partidos tradicionales del Uruguay.

Al poco tiempo de asumir la presidencia, Oribe decidió investigar la gestión del gobierno anterior, en cuanto a su limpieza y honestidad en el manejo de los fondos públicos. Rivera se opuso tajantemente y tenía razones para hacerlo... La conclusión a la que llegaron luego de controlar las cuentas publicas fue lapidaria: hubo despilfarros y numerosos casos de corrupción.

La relación entre ambos caudillos se fue volviendo cada vez más ríspida, hasta que Oribe decidió remover a Rivera del cargo de Comandante General de la Campaña que hasta entonces ocupaba. En su lugar nombró a su hermano Ignacio, lo que llevó a Rivera a tomar esta situación como una ofensa personal y por eso en junio de 1836 decidió levantarse en armas contra el gobierno legítimamente constituido.

Estos primeros enfrentamientos llevaron a que surgieran las divisas identificativas de cada partido. Los oribistas eran distinguidos por el color blanco de su divisa, lo que obligó a los riveristas buscar una alternativa. Optaron por dar vuelta sus ponchos y reflejar el color rojo. El primer encuentro armado fue la batalla de Carpintería en la que los blancos fueron los triunfadores.

Oribe ordenó a sus hombres que utilizaren una suerte de vincha blanca con la inscripción: " Defensor de las leyes" . Estas palabras no eran casuales, y eran más que una lección para el caudillo que violó todo tipo de normas para sublevarse contra las autoridades nacionales.

Desde sus orígenes el Partido Nacional se caracterizó por ser una colectividad que rindió respeto a las normas que fueran sancionadas con arreglo a la Constitución. Y si alguna vez se decidió romper esa armonía fue en ocasiones excepcionales y por el único motivo de salvaguardar bienes superiores, no por afán de poder.

Ante el constante clima de hostilidad, y derrotado por fueras extranjeras y nacionales, Oribe decidió "resignar" -no es exactamente lo mismo que renunciar- a la presidencia y se fue a vivir a Buenos Aires.

Al analizar su gestión como Presidente se pone a prueba su prédica, porque de nada sirve decir con la boca una serie de ideas fantásticas si luego no se llevan a la práctica. En este caso, nadie puede reprochar esa hipócrita incoherencia. No en vano Mateo Magariños definió a Oribe como: " El primer y más grande de los estadistas."

Su gobierno se caracterizó por haber sido ejemplarmente honesto y por ser especialmente cuidadoso con el gasto del dinero público. Sin descuidar los fines esenciales del estado, racionalizó las cuentas para no recargar a los ciudadanos con más impuestos. Por eso entre los blancos, esto de la reforma del estado y la baja en el gasto público no es cosa nueva...

Tampoco hay que olvidar que durante su gobierno se dieron fuertes avances en el campo educativo y social. A modo de ejemplo, en 1837 se concretó la fundación de la Universidad de la República. En el área social se puede remarcar que en estos años los esclavos que eran traídos del Brasil eran incondicionalmente puestos en libertad.

Al iniciarse la Guerra Grande (1839-1851) Oribe se alió con Juan Manuel De Rosas, enfrentándose a los colorados y unitarios. Si bien es cierto que cometió muchos excesos con sus contrincantes, eso no justifica el rotulo de degollador que le han puesto algunos malintencionados.

Al instalarse el gobierno del Cerrito , el Brigadier General Manuel Oribe ocupó la presidencia, que suponía el control de todo el territorio nacional excepto Montevideo, que era gobernado por los colorados. Inmediatamente, mandó que se reinstalasen las cámaras del legislativo disueltas por Rivera en 1838 y reorganizó el Poder Judicial. En lo social hay que destacar que promovió ayudas a los más débiles y abolió definitivamente la esclavitud . (1846) Tampoco hay que dejar de mencionar, que durante su mandato se reguló por primera vez lo referente a la previsión social.

Si hay algo en lo que no dudo, es que le debemos mucho a este prócer nacional; por eso animo a intentar hacer realidad -en los tiempos que nos toca vivir- los eternos principios por los que dejó su vida él y miles de orientales.

 
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