Luis Lacalle Pou
Partido Nacional


Aparicio Saravia

Aparicio Saravia nació el 16 de agosto de 1856 en la estancia llamada "La Chilca", perteneciente en aquel entonces al departamento de Cerro Largo. Actualmente estas tierras están comprendidas dentro de Treinta Tres, creado en 1884.

Muchos tienen la imagen de que Aparicio fue un gaucho rebelde que se levantó en armas contra el gobierno para lograr metas imposibles. Lejos de ser así, Saravia fue uno de los grades entre los grandes, y si bien es cierto que participó en sucesivas revoluciones, estas se justifican por las aberrantes injusticias que se estaban dando y porque era la única forma efectiva de manifestar su oposición. Seguramente tenía muy claro lo que dice la siguiente frase de la sabiduría popular: "El que no aporta soluciones, es parte del problema." Aparicio bien pudo haberse quedado tranquilo en su estancia, pero no soportó ser cómplice de la situación en que vivían los uruguayos. Prefirió complicarse la vida una y mil veces en pro de sus ideales, y vaya si fue eficaz.

Ahora bien, ¿por qué peleó Aparicio? ¿Qué nos dejó luego de sus revoluciones?

Todo hombre es hijo de su tiempo y Aparicio no fue la excepción. Luchó por lo que en ese momento urgía a la sociedad Oriental. En primer término, peleó para que existiesen verdaderas garantías electorales , es decir que el voto fuera universal y secreto. Como es sabido, a fines del s. XIX y principios del s. XX existían en Uruguay serios problemas de transparencia electoral. Tener presente por ejemplo que pocos días antes de las elecciones algunos eran puestos presos por el simple hecho de ser blancos, y a las pocas horas de haberse realizado el comicio, eran liberados. Y cuando la víctima le preguntaba a la autoridad el por qué de esa penosa situación, ni se dignaban en contestarle.

Lograr esta meta no fue nada fácil, porque supuso un cambio de mentalidad y una sustanciosa educación cívica. De todas formas, durante su vida pudo ver cambios reales en esta temática, principalmente con la promesa del Pacto de la Cruz de 1897 de sancionar una ley que regulara y garantizara el ejercicio electoral.

En segundo término, defendió la participación de los partidos políticos minoritarios en el gobierno . Hay que tener presente que por aquel entonces el partido que ganaba las elecciones generales se quedaba con todos los cargos nacionales y departamentales. No se conformó con cualquier representación, sino que impulsó la representación proporcional. La proporcionalidad supone una correlación entre el caudal de votos obtenidos y los cargos públicos a ocupar. Con relación a este tema, el puntapié inicial se dio luego de la Revolución de las Lanzas en 1872, cuando los blancos pasaron a administrar cuatro Jefaturas Políticas -lo que hoy serían Intendencias- y comenzaba así el período de coparticipación en el gobierno. Después de la revolución de 1897 el número de Jefaturas blancas se amplió a seis, y recién con la reforma Constitucional de 1918 quedó consagrado el principio de la representación proporcional.

Otro frente de batalla de Aparicio fue el reconocimiento de los derechos sociales y laborales . En esta área tan fundamental fueron Luis Alberto de Herrera y Carlos Roxlo -ambos revolucionarios- los que llevaron a la práctica los ideales de Aparicio. El 23 de febrero de 1905 presentaron, como legisladores, el primer proyecto nacional bajo el nombre " Ley de trabajo ", que pretendía regularizar la situación obrera. Esta es una clara demostración de que el legado de Aparicio no se limitó a su período de vida, sino que con su ejemplo inspiró en sus seguidores la tarea que tenían por delante.

En las bases de la Paz de Aceguá , firmado en 1904 luego de la muerte del caudillo, constaba un compromiso de reforma de la Constitución en lo referente a derechos individuales. En 1918 efectivamente se modificó la Carta Magna, pero no fue suficiente. El Uruguay tuvo que esperar hasta 1934 para tener en la Constitución un capítulo especialmente dedicado a los derechos sociales y laborales, que incluía: el derecho de huelga, derecho a limitación de la jornada laboral, derecho a una justa remuneración, derecho al descanso, etc.

A él le debemos, en parte, el estar viviendo en un sistema democrático, que tiene sus falencias pero que permite, entre muchas otras cosas, la libre expresión de pensamiento y la elección de los gobernantes por parte de todos los ciudadanos, cosa que no sucede en todos los sistemas políticos. Los principios fundamentales que rigen este tipo de gobierno, se forjaron y se pusieron a prueba en el Uruguay, durante las campañas saravistas.

Por último, defendió la autonomía departamental . Soñó con un modelo de país similar al pensado por José Artigas en la medida en que ambos caudillos quisieron que las divisiones territoriales sean lo menos dependientes de la capital. No sólo pretendía la independencia económica, sino que también procuró que los asuntos propios de los departamentos sean resueltos, sin un sometimiento de la voluntad local a la del gobierno central.

Con la muerte del General culmina un capítulo y comienza otro que se caracterizó y se caracteriza por el predominio de la capital montevideana sobre el resto del país. Los centralistas se olvidaban que somos un país en el que la producción agrícola ganadera es el motor de la economía.

No hace falta muchas explicaciones para darnos cuenta de que este último punto es una cuenta pendiente que tenemos todos los blancos . Aparicio quiso vivir en un país con una mayor descentralización territorial. Esta es la nueva revolución de los Nacionalistas del s XXI. Si lo logramos, le haremos un enorme bien al país y tendremos la satisfacción de poner por obra una de las aspiraciones más profundas del caudillo inmortal.

 

 
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